Historia económica mundial – capítulos 7 y 8 – Resumen

El siguiente resumen del Libro “Historia económica mundial” de Cameron, Rondo y Neal, Larry, Alianza editorial, 4 edición, Madrid, 2014, fue elaborado por Juan Pablo Dávila, Cesar Murcia, Vladimir Pulgarin y Sergio Montoya para la asignatura Teoría económica, energía y cambio climático con el profesor Gonzalo Manrique de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín.

CAPÍTULO 7. EL NACIMIENTO DE LA INDUSTRIA MODERNA

Protoindustrialización

A inicios del siglo XVlll en Europa, habían acumulado grandes cantidades de industria rural, aunque no de la actividad textil. En la década de 1970 para definir el proceso de expansión y ocasional transformación de esas industrias se utilizó el término protoindustrialización, cuyas características esenciales son trabajadores dispersos, generalmente rurales, organizados por empresarios urbanos que les proporcionaban las materias primas para vender sus productos en mercados ajenos. Aunque este modelo funcionó muy bien, posteriormente en el mismo siglo XVlll se vio eclipsado por la aparición de nuevos modelos de empresa industrial.

  1. Características de la industria moderna

El nacimiento de la industria moderna se da principalmente en Inglaterra y Escocia. Surge con la época mal llamada Revolución Industrial, que se extiende desde comienzos del siglo XVIII (en Gran Bretaña) hasta la primera mitad del XX (ya en el resto de Europa y Norteamérica). Su principal característica fue el alza del sector secundario de la economía. Entre esas características están:

  • El uso extensivo de maquinaria mecánica
  • La introducción de nuevas fuentes de energía inanimadas
  • El uso generalizado de materias que no suelen encontrarse en la naturaleza

2. Requisitos y concomitantes de la revolución industrial

Los cambios no fueron sólo industriales, sino sociales e intelectuales; de hecho, también comerciales, financieros, agrícolas e incluso políticos. Sin embargo, fueron los cambios intelectuales los artífices de todos los demás.

Estos cambios intelectuales tienen que ver con el aprovechamiento de las fuerzas de la naturaleza, una idea originada ya en la Edad Media. Algunos nombre asociados a ella son: Copérnico, Galileo, Descartes, Newton y Francis Bacon. Aun así a inicios del siglo XVIII este saber era aún muy pequeño y débil para ser aplicado directamente al proceso industrial. Tiene pues que evolucionar y sólo a mediados del siglo XIX logra insertarse a la industria con los nuevos descubrimientos de la química y la eléctrica. Sin embargo, la ciencia ya era aplicada desde inicios del siglo XVII con propósitos utilitarios.

Es oportuno decir que los grandes avances del siglo XVIII y principios del XIX fueron hechos por artesanos, hojalateros e ingenieros autodidactas bajo el método de ensayo-error.

El incremento de la producción agrícola y las importantes reformas en los campos de Inglaterra permitieron el ulterior desarrollo económico para que se produjera la Revolución Industrial. Para ello también se sigue el método de ensayo y error, del cual surgieron nuevas técnicas de cultivo.

Con más alimento disponible y un flujo monetario en ascenso la economía se hizo cada vez más dinámica, sumándose además el incremento de la venta de bienes manufacturados y la exportación de alimentos al resto de Europa. Durante un siglo, desde 1660 hasta 1760, la economía inglesa produjo un excedente para la exportación antes de que el índice de crecimiento demográfico sobrepasara el índice de aumento de la productividad.

También son importantes los cambios institucionales como la Revolución Gloriosa, de 1688 a 1689, en la que el parlamento se impone al rey (constitucionalismo). De igual importancia la tendencia a aumentar la libertad económica mediante el comercio exterior, el comercio de iniciativa, el comercio de movilidad laboral, los monopolios, las servidumbres, etc. Se produce un reforzamiento de la garantía de los contratos y de la propiedad privada.

En lo que se refiere al transporte terrestre se da un importante avance con la construcción de vías, túneles, puentes y la conservación de tramos. En 1690 el Parlamento crea unos fondos de crédito para ello, promovidos y supervisados por un comité formado por terratenientes, granjeros, mercaderes e industriales.

3. Tecnología industria e innovación

A finales del siglo XVII se hicieron dos importantes innovaciones en Inglaterra: el proceso para fundir el mineral de hierro con coque, que liberó a la industria siderúrgica de la dependencia exclusiva del carbón vegetal, y la invención de la máquina de vapor atmosférico, que acabó reemplazando a los molinos de viento y de agua como fuentes de energía inanimada.

Lo primero permitió el incremento en la producción de hierro y sus derivados, con notables repercusiones en la industria. Lo segundo permitió el desarrollo de la máquina de vapor y todas sus aplicaciones posteriores.

La industria textil ya importante desde la era “preindustrial” también conoció importantes innovaciones sobre todo en la eficiencia de las máquinas con miras al incremento de la productividad. De igual forma la industria del algodón, en su mayoría importado desde las colonias, creció de 500 toneladas al inicio del siglo a 25,000 toneladas en 1800. En este campo también se dieron importantes avances técnicos como fue la desmotadora de algodón inventada en Nueva Inglaterra en 1793.

Los cambios técnicos relacionados con los tejidos de algodón, la industria siderúrgica y la introducción de la energía de vapor constituyen el núcleo de la temprana industrialización de Gran Bretaña, pero no fueron las únicas partes afectadas. Al mismo tiempo que James Watt perfeccionaba su máquina de vapor, Adam Smith escribía “La riqueza de las naciones”.

Otra industria representativa era la fabricación de cerámica. También la industria química experimentó una expansión y diversificación importantes, aunque esta última está asociada al francés Antoine Lavoisiers y sus discípulos. Se empezaron a fabricar jabón, papel, vidrio, pinturas, tintes y tejidos, entre otros.

Las minas de carbón cada vez mas difíciles de explotar, permitieron el desarrollo de los primero ferrocarriles en Gran Bretaña, al principio tirada por animales y luego impulsadas con la energía del propio carbón. Richard Trevithick se considera el constructor de la primera locomotora que funcionó en 1801. Sin embargo fue George Stephenson quien en 1830 inauguró la línea Liverpool-Manchester, la primera línea de ferrocarril de transporte, con sus locomotoras diseñadas y construidas por él mismo.

4. Diversidades regionales

La mayoría de los primeros estudios de la llamada revolución industrial se concentraban sólo en Inglaterra. Los diferentes centros de abastecimiento de materias primas y de producción industrial determinaron la importancia de las regiones en la Gran Bretaña. Gales, conquistada por los ingleses en la Edad Media, había sido tratada siempre como una especie de pariente pobre aunque era abundante en cuencas mineras. Escocia, tuve mejor suerte a pesar de ser un país pobre y atrasado a mediados del siglo XVIII. En menos de un siglo, Escocia se puso, junto con Inglaterra, al frente de las naciones industrializadas del mundo. Esto se debe a la unión de sus parlamentos en 1707 lo cual le dio acceso a no sólo a los mercados ingleses, sino también a los de las colonias inglesas y otros lugares. Su sistema educativo creó una población desacostumbradamente instruida para la época. Del mismo modo, el precoz sistema bancario de Escocia, muy distinto del de Inglaterra y prácticamente libre de las regulaciones del gobierno, permitió a los empresarios escoceses un fácil acceso al crédito y al capital. Escocia tampoco contó con un gobierno central hasta 1885, en el fondo una bendición. Irlanda, apenas consiguió industrializarse, fueron tratados por los ingleses, casi más que a Gales, como una provincia conquistada.

5. Aspectos sociales de los principios de la industrialización

La población aumentó considerablemente gracias a los nuevos niveles de vida y la concentración de obreros en los centros urbanos. En 1700, Londres, con más de medio millón de habitantes, era la ciudad más grande de Gran Bretaña y, quizá de Europa. En 1801 Londres ya supera el millón de habitantes, otras ciudades como Liverpool, Manchester, Birmingham, Glasgow y Edimburgo contaban cada una con 70.000 habitantes.

En las cercanías de las fábricas y lejos de los barrios residenciales de la burguesía se establecieron los barrios obreros. Una enorme cantidad de viviendas destartaladas y miserables con cuatro e incluso cinco personas por habitación. Las instalaciones sanitarias en general eran inexistentes, y se arrojaban a la calle toda clase de desechos. Las alcantarillas, cuando existían, eran zanjas abiertas en medio de la calle, la lluvia convertía el ambiente en charcos de podredumbre y foco de enfermedades epidémicas. Las calles eran en su mayoría estrechas, tortuosas, sin luz y sin pavimento.

CAPÍTULO 8. EL DESARROLLO ECONÓMICO EN EL SIGLO XIX

El siglo XIX presenció el triunfo definitivo del industrialismo en Europa. Desde gran Bretaña, la industria moderna se extendió a través del canal de la mancha y del mar del norte a Bélgica, Francia, Alemania y otras naciones de Europa, así como a través del atlántico a Estados Unidos y, mucho después a otras partes del mundo.

  1. Población

Tras un estancamiento desde principios del siglo XVII hasta mediados del XVIII, la población Europea comenzó a crecer de nuevo a partir de 1740. En 1800 se había elevado a casi 200 millones, que representaban poco más de una quinta parte de la población mundial, estimada en unos 900 millones. En el siglo XIX se aceleró el crecimiento de la población en Europa, que en 1900 superaba los 400 millones, es decir, un cuarto de la población mundial, estimada en 1,600 millones. En 1950, la población europea supera los 550 millones de un total de casi 2,500 millones. Semejante índice de crecimiento en Europa y el resto del mundo no tenían precedentes en la historia humana.

La mejora en los sistemas de transporte hizo posible la importación de alimentos de ultramar a gran escala en el último cuarto del siglo XIX. En la misma Europa se dieron importantes cambios en la legislación del suelo, lo mismo que en las técnicas de cultivo que ahora se valían de fertilizantes naturales y luego artificiales para aumentar la productividad. El menor coste del hierro hizo posible el uso de herramientas más modernas y eficaces. El transporte barato facilitó también la migración. Al igual que en Gran Bretaña, la migración era de dos tipos: interna e internacional.

La urbanización, junto con la industrialización, creció con rapidez en el siglo XIX. Gran Bretaña, una vez más, marcó la pauta. La población de los países industrializados no sólo vivía en ciudades, sino que tenía preferencia por las más grandes. Esto fue posible gracias a las mejoras tecnológicas de la industria moderna.

2. Los recursos naturales

Europa en su conjunto estaba relativamente bien provista de recursos minerales convencionales, como mineral de hierro, otros metales, sal y azufre. Pero las demandas de la edad moderna intensificaron enormemente la necesidad de su utilización. La búsqueda de nuevos recursos llegó hasta el Oeste americano, los dominios británicos, zonas de Latinoamérica, África y Asia.

3. Desarrollo y la difusión de la tecnología

El periodo de la historia de la tecnología que va desde principios del siglo XVIII hasta 1870 se considera como la era del artesano-inventor. A partir de ese momento, no obstante, las teorías científicas constituyeron cada vez más la base de los procesos de producción.

Gran Bretaña era la gran potencia industrial de la época, debía su avance a dos industrias: la industria textil del algodón y la fabricación del hierro. Además el carbón de piedra era ampliamente usado en máquinas de vapor, hornos de pudelación, la industria del vidrio, el refinado de la sal, la fabricación de cerveza, las destilerías, los molinos harineros, las fábricas de cerámicas y otras industrias.

3.1 Fuerza motriz y producción de energía

Hasta 1800 las máquinas de vapor habían sido una tecnología de escaso crecimiento, ello se debe al imperfecto conocimiento científico, la insuficiente resistencia de los metales utilizados y la carencia de herramientas utilizadas. La limitación en la patente a nombre de James Watt también limitó otros desarrollos científicos.

Pero en los siguientes cincuenta años se presenciaron varios avances importantes en la tecnología del vapor. A ello contribuyeron varios factores: metales más resistentes y ligeros, herramientas más precisas y un mejor conocimiento científico que incluía mecánica, metalografía, calorimetría y la teoría de los gases, así como la embrionaria ciencia de la termodinámica. Estos avances permitieron el desarrollo de máquinas de vapor para propulsar barcos y locomotoras. El número de máquinas aumentó en los todos los países industrializados.

La rueda hidráulica se convirtió en la principal competidora de la máquina de vapor. A partir de 1760 varios ingenieros e inventores dedicaron sus esfuerzos en mejorar la rueda hidráulica. Con la caída de los precios del hierro las ruedas metálicas se hicieron de uso común. Sólo a partir de 1850 y 1870 la energía de vapor le tomó ventaja.

Tanto las máquinas de vapor como la rueda hidráulica fueron decisivas para el desarrollo de las centrales generadoras de electricidad a finales del siglo XIX.

El estudio de los fenómenos eléctricos ya conocidos desde la antigüedad se vio intensificado en el siglo XVIII, algunos nombres asociados a ello son: Benjamin Franklin, Luigi Galvani, Alessandro Volta, Luigi Galvani, Alessandro Volta, Humphry Davy, Michael Faraday, Hans Oersted, André Ampére. Entre 1832 y 1844 Samuel Morse desarrolló el telégrafo en EEUU.

En 1873 se inició la producción de electricidad con una rueda hidráulica y una dinamo. Esto causó una competencia entre la generación hidráulica de electricidad y la generación a través de las máquinas de vapor y carbón. Sin embargo, la balanza se inclinó a favor de la hidráulica, debido a la escasez de carbón en varios países con importante recurso hídrico.

La electricidad se convirtió rápidamente en la energía de mayor uso en: galvanizado, telegrafía, iluminación, tranvía, motores eléctricos, electrodomésticos, producción de calor, fundición de metales, etc.

El petróleo también adquirió importancia a partir de la segunda mitad del siglo XIX: iluminación, producción de calor, aceites para piezas mecánicas, motores de combustión interna, etc.

3.2 El acero barato

Los fundidores británicos poseían la ventaja competitiva frente a fundidores extranjeros a principio del siglo XIX, mientras que otros países pasaron por varios cambios y adaptaciones en procesos de fundición, hornos y carbón.

Las innovaciones más notables que incidieron la industria siderúrgica se relaciona al acero, un metal que es una variación especial del hierro, que es más duradero y resistente que el hierro forjado. Posteriormente su uso se limitó por su alto costo, siendo usado en productos de alta calidad como cubertería fina, hasta que en 1856 Bessemer desarrolló un método que permitió producir acero directamente del hierro fundido obteniendo un producto que rápidamente reemplazó al hierro común en diversos usos, sin embargo el proceso tenía defectos, esto fue perfeccionado un par de años más tarde por metalúrgicos franceses, basados en el mismo método.

El acero de manera rápida reemplazó al hierro, se usó en los riele de los ferrocarriles, la construcción de barcos y muchos otros usos industriales.

3.3 El transporte y las comunicaciones

El transporte se volvió una necesidad, los barcos y carretas no eran suficiente para la demanda, así que los ferrocarriles ofrecían un transporte más barato, rápido y seguro. Durante su época de construcción acrecentó la demanda de materiales, ladrillos, hierro, acero y maquinarias que también estimuló la industria que los fabricaba.

Sin embargo, países como USA no tardaría en alcanzar a gran Bretaña, incluso le sacó ventaja en materia ferroviaria. De aquí en adelante se vio el progreso en este tema en diversos países, la planeación de las vías y la administración de estas fueron claves para el desarrollo de los países industrializados.

Fue así como se llegó a la mitad del siglo XIX, época reconocida por la gran construcción del ferrocarril y cómo éste se encuentra cimentado por toda Europa –o mejor dicho en todo el mundo-. Los ingenieros británicos que poseían más experiencia y conocimientos técnicos, construyeron los primeros ferrocarriles del continente Europeo, para más adelante llevar su trabajo de ingeniería a algunas partes de África y Latinoamérica. Estas maravillas de la ingeniería sufrieron continuas mejoras a lo largo de los siglos XIX y XX.

Por otro lado, hay un invento que cabe resaltar en este punto, que se vio mucho antes de la revolución industrial no deja de ser imprescindible para el desarrollo de la industria moderna: la imprenta. Su efecto en la comunicación – a partir del siglo XV-, se equiparan a los efectos acumulados de las innovaciones del siglo XIX. Ya que se redujo enormemente el costo de los libros, los periódicos y los materiales impresos, también disminuyó el tiempo de producción de los mismos y se hizo más accesible el material.

También se desarrollaron inventos como la litografía y la fotografía para la amplia difusión de imágenes visuales. El telégrafo eléctrico unió las principales ciudades de Europa y América, proporcionando una comunicación casi instantánea. El teléfono facilitó aún más la comunicación, así como la radio y la máquina de escribir, entre otros.

3.4 Las aplicaciones de la ciencia

Hubo una creciente interacción entre científicos, ingenieros y empresarios. Se dió el fenómeno de los inventores profesionales. La ciencia química demostró ser especialmente prolífica en el nacimiento de nuevos productos y procesos. Se descubren nuevos metales y se realizan aleaciones. La química contribuyó a un nuevo desarrollo de la agricultura y la producción de alimentos.

4. Marco institucional

El marco institucional de la actividad económica en la Europa del siglo XIX, que produjo la primera civilización industrial, daba un amplio margen de acción a la iniciativa individual y a la empresa, permitía la libre elección de la ocupación y la movilidad geográfica y social, se apoyaba en la propiedad privada y el imperio de la ley y hacía hincapié en el uso de la racionalidad y la ciencia en la consecución de fines materiales.

En Inglaterra predominó el sistema Jurídico conocido como derecho común. En Francia, tras la revolución francesa y el imperio napoleónico se instauraron reformas revolucionarias en el propio territorio y los conquistados.

La economía europea se había caracterizado durante el siglo XIX por un desarrollo desigual, liderado por los Estados industriales de Europa occidental, Francia, Alemania, Gran Bretaña, etc., mientras que el nivel de rentas y de productividad en países de Europa oriental y meridional como España, Grecia, Bulgaria o Rumania, cuyas economías se basaban principalmente en la explotación de recursos primarios (alimentos y materias primas), era sensiblemente más bajo.

En 1776 Adam Smith publica su libro “La riqueza de las naciones”. A partir de las décadas de 1820 y 1830 en el Reino Unido se empezaron a aplicar sus ideas en el ámbito de la economía y la política.

La revolución industrial provocó profundos cambios no sólo en la economía, también transformó la sociedad del siglo XIX, cambiando costumbres, imponiendo nuevos gustos, renovando el sistema de clases sociales. Los cambios fueron de tanta importancia que se habla de una “sociedad industrial” para diferenciarla de la sociedad anterior, pre-industrial o agraria.

Durante esta época se desarrolló el nuevo fenómeno de los sindicatos, unos de corte socialista, otros más enfocados a objetivos individuales y comunes. Se conformaron por toda Europa y Estados Unidos. Su existencia fue en muchos casos difícil debido a las presiones y despidos por parte de la nueva clase burguesa dueña de los medios de producción.

El aumento de la alfabetización y la educación en las nuevas ciudades permitió el ulterior desarrollo de universidad técnicas y profesionales. El saber científico comenzó a unificarse y a enseñarse de manera sistemática.

El siglo XIX fue donde se estableció por completo el mundo tal y como lo conocemos hoy en día.

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